El coaching y la actitud filosófica

Por Alicia Bilucaglia

Muchas veces algunos coaches me hablaron sobre la dificultad, cuando no temor, de acceder a cuestiones filosóficas, ya sea porque no terminan de entender ni el qué ni el para qué de la Filosofía ni la relación con su profesión, ya sea porque quedan desconcertados ante tanta jerga, dato y cita, sin saber qué hacer con todo eso.

En estas líneas los invito a una reflexión sobre el coaching desde una óptica diferente: la mirada de un filósofo. Mi propuesta es, entonces, mostrar de manera sencilla la imagen de un hombre llamado Thales de Mileto y a través de él encontrar puntos en común entre su actitud y la del coach.. Más que abundar en información filosófica, en vez de explicar alguna teoría en particular, distingamos un modo de ser.

Caminemos juntos entonces.

Nace algo nuevo

Filosofía. ¡Cuántos significados para esta sola palabra! Como una primera aproximación consideremos su etimología: filo-sofía, amor a la sabiduría, amor que es tendencia hacia un bien no poseído, anhelo no satisfecho y que lleva al hombre siempre más allá de la respuesta obtenida. El que filosofa,“peregrina en el desierto”.

Si preguntamos qué es propiamente la filosofía, no encontramos una definición que incluya todas las interpretaciones que los filósofos ofrecen como respuesta.

Ferrater Mora, en su Diccionario de Filosofía, nos dice: “…cada sistema filosófico puede valer como una respuesta a la pregunta acerca de lo que es la filosofía”.

En la antigua Grecia, nace la Filosofía. Hace ya de esto tanto tiempo que nos cuesta imaginarnos (aunque nos ayuden los historiadores) cómo serían entonces las cosas, cuál sería el mundo de esos hombres, sus vidas, sus deseos, sus inquietudes. Lejos está todo eso, y sin embargo sigue vivo entre nosotros. No vemos a esos hombres, pero están hasta para decirles que ya no queremos saber más nada con ellos.

¿Dónde los veo viviendo? En nuestros modos de pensar, de actuar, en nuestras maneras de preguntar y de responder. Ellos son algunos de los que colaboraron para construir ese gran relato que llamamos cultura occidental.

La filosofía es como una gran tela en la que los hombres van dando pinceladas una tras otra, todas originales, distintas. Hasta quien no quiere mirar el cuadro deja allí sus huellas, lo suyo deviene en un espacio vacío que otros van a respetar. Filosofía, inmensa tela que creo, nunca va a quedar completa.

Y empezó gracias al silencio fecundo, a la incomodidad de la pregunta. Para los primeros filósofos, filosofar era interrogarse sobre el Cosmos, la Naturaleza en su totalidad y buscar en ella el primer principio originario: ¡Qué curioso es el mundo! ¿Por qué las cosas pasan como pasan?.

 Rescatemos, entonces, hoy para nosotros lo que a mi parecer caracteriza la actitud filosófica: aceptación de la pregunta. Esta tarea humana en común llamada Filosofía seguirá viva gracias a aquellos que acepten convivir con la incertidumbre de no saberlo todo. La pregunta moviliza y la creación de la reflexión filosófica traspasa los límites del tiempo y del espacio individual.

Los historiadores otorgan a Thales de Mileto (siglo VI A. C.) el honor de haber sido elprimero, es decir, lo reconocen como el iniciador de esta manera especial de vivir. El filósofo aparece como aquél que, cansado de tanta respuesta conocida, se arriesga a intentar otra.

Hasta ese entonces el mito era la llave que abría todas las puertas al sentido del mundo. Pero los primeros filósofos no soportaron más tanta certeza, y se volvieron hacia el misterio, la maravilla que los inquietaba. Decidieronacabar con la paz que daba la verdad de los mitos.

Entonces el mundo cambió para ellos, y ellos nos cambiaron el mundo.

La filosofía no nace como el  monólogo de un hombre que avanza  seguro a pasos calculados, sino que surge como un diálogo de éste con el mundo, diálogo en el que está dispuesto a lo imprevisible.

Si quisiéramos explicar porqué la filosofía nació allí y en ese momento, no tendríamos una única respuesta pues nada hay que nos autorice a la aplicación de una ley de la necesidad.

Surge una actitud crítica frente a lo dado, es decir, a las respuestas comunitarias que organizaban el hacer y pensar: el mito. Aparece, entonces, un observador que cuestiona lamanera común de observar. Al responder se vale de muchos elementos e interpretaciones existentes ya en la mitología, pero el intento es individual. Este es un aspecto que considero de interés para un coach. Thales no rechazó nada, sino que incluyó para crear. El mito seguía presente.

¡Cuánto pasado sostenía el mundo de Thales!, ¡cuántas tradiciones, costumbres, historias traídas de otras culturas! Y sin embargo, a pesar de ese enorme mundo cultural, en él y para él, el filósofo creó algo nuevo.

¿Acaso nosotros hoy, como coaches, no estamos también frente a seres humanos que se alzan en medio de sus propias historias personales, familiares, sociales? ¿No estamos nosotros mismos parados en nuestro mundo cultural? [1]

La Filosofía nos muestra un acto de creación sin condena ni lamentos por lo que había antes allí. ¿Cuán competentes somos hoy para acompañar a otro en la creación desde la aceptación?

Thales se asombró en medio de las cosas más familiares, las miró de otra manera y entonces vio que ya no las conocía, y preguntó. Fue la novedad de su mirada lo que permitió a otros tener nuevos ojos. 

En Mileto vemos el interés por dar un modelo diferente de significación, por llevar adelante una revisión de los presupuestos tradicionales. En este sentido, los filósofos han actuado como figuras líderes ya que han saltado por sobre lo conocido, involucrando  a otros en la propuesta y mostrando un camino diferente.

Como actividad humana, la filosofía no es patrimonio de un sistema en particular, en detrimento de otro u otros. Veintiséis siglos de antigüedad atestiguan  los desacuerdos entre filósofos. La variedad de respuestas filosóficas, las oposiciones entre los sistemas, son un modelo de crecimiento a partir de las diferencias. Es más, si la misma figura del filósofo y su actividad nos resulta hoy algo fuera de nuestra cotidianeidad, ¿lo juzgamos por eso mismo como algo sin sentido?

No propongo en estas líneas que una persona de acción se transforme en ermitaño o se retire  para meditar. Propongo que el compromiso con la reflexión se despliegue y se viva “en” el mundo de todos los días, en el de la actividad, en el de la productividad.

Una manera de interrogar lo que llamamos realidad, lo que está ahí, es la filosofía, no la única. Científicos, políticos, artistas, religiosos, organizan otras preguntas y otras respuestas. Creo que no existiría esta variada posibilidad de interrogar al mundo, si éste no nos abriera un abanico de oportunidades reales, y todas válidas.

Hay una alegoría que relata Platón (S. IV A. C.) que propongo como metáfora para ilustrar la actitud del filósofo y la del coach.  Es la alegoría de la caverna, que se encuentra en el diálogo platónico llamado La República. En ella se nos cuenta que unos hombres vivían encerrados en una caverna, de espaldas a la luz, atados con grilletes en el cuello y los pies, sin poder moverse y condenados a mirar siempre la pared del fondo. A la entrada de la caverna un gran fuego iluminaba toda clase de objetos que por allí desfilaban y proyectaban sus sombras en el interior. Para los prisioneros nada existía sino esas sombras que siempre contemplaban. Pero si uno de esos prisioneros, dice Platón, fuese liberado, si pudiera contemplar todo lo que existe fuera y luego, movido por el recuerdo de los otros, decidiera volver a contar lo que vio, seguramente sus compañeros se reirían de él y hasta querrían matarlo

Estas líneas de Platón pueden mostrarnos algo de nuestra condición; creo que el texto es fuente de reflexiones de vida.

Todos juntos ahí dentro de la caverna, ¿no estaremos tratando con las sombras que fabricamos, y con las sombras de las sombras? Siempre estuvieron ahí, entonces ¿”así” son las cosas? ¿Estaremos hoy como sociedad ampliando la caverna? ¿Será todo más de lo mismo? ¿Son las sombras la única posibilidad? Según la alegoría, no. ¿Según nuestra acción cotidiana?

Triste final en Platón para el liberado (que allí posiblemente representa la figura del filósofo, en especial la de Sócrates, su maestro). Sin embargo, nosotros podemos inventar otro final. Lo vital para mí es: ¿quién se anima a salir, quién soporta el estado de pregunta, quién se vuelve responsable por mostrar otra posibilidad?

Entonces ¿permanecemos atados de pies y manos o estamos dispuestos a crear? El tema no es light. Hay mucho en juego, si alguien considera que el ser humano es todavía “mucho” y que hoy éstos son los resultados: “Cosas muy alegres, contempladas por hombres muy tristes que no saben qué hacer con ellas” ( Max Scheler).

El coach está en la caverna y sabe que está allí: esto le da poder para salir, cambiar, mostrar algo nuevo y ser instrumento para la creación de un mundo diferente. Si su compromiso es ser servicio entonces asume la responsabilidad de acompañar a otro a ver lo que las ataduras no le  permitían. Aunque la decisión de cada “prisionero” sea personal, el coach, al igual que el filósofo, está ahí para provocar, para preguntar, para mostrar lo que no se está viendo. 

Para el que está conforme con su vida, este planteo probablemente no tenga sentido y no le interese salir de la caverna. El que está sinceramente convencido de que así son las cosas, de que la pregunta reflexiva no es útil, el que ya no se ve con grilletes en el cuello y las piernas como los prisioneros de Platón; ése quizás no se aventure en el camino de la incertidumbre.

Un día gracias a la pregunta, al asombro del que no sabe, nació la Filosofía.

Los invito a ver en el estado de pregunta, en la actitud filosófica, una manera de relacionarnos con el mundo rica en posibilidades de novedad y crecimiento. Respuestas tenemos ya muchas, más de las que podamos recordar, quizás sean las nuevas preguntas las que nos ayuden a cambiar lo que deseamos cambiar. Gracias.

En preguntar lo que sabes
El tiempo no has de perder
Y a preguntas sin respuesta,
¿Quién te podrá responder?
Antonio Machado

Marzo de 2001


[1] “El hombre no es nunca un primer hombre; comienza desde luego a existir sobre cierta altitud de pretérito amontonado” Ortega y Gasset, J., La rebelión de las masas, Espasa-Calpe, Madrid, 1972.