¿Un equipo de luces o las luces de un equipo?

Por Alicia Bilucaglia

Ni siquiera llamó por teléfono para avisarme que vendría; rompió la costumbre y ese día mi amiga Mercedes directamente tocó el timbre en casa. Nunca nos falta tema de conversación, así que café de por medio, no nos costó mucho esfuerzo empezar a charlar. Todo parecía como siempre, pero no, algo pasaba y Merce no lo estaba diciendo. ¿Sienten, a veces, cuando están con un amigo, ese “olorcito a cosa rara”? Bueno, si se reconocen en este estado olfativo, sepan que así estaba yo: incómoda. Y ¿qué sentido tiene mantener esa situación?, ¿acaso no sería mejor para las dos hablar claro?

Y así, simplemente, le pregunté: Merce ¿qué está pasando?, ¿para qué viniste? Bastó eso para que una catarata de palabras malhumoradas inundara el lugar donde conversábamos. Me llevó unos minuto levantar muros de contención y frenar su arremetida. Le pedí que, por favor, empezara de nuevo su relato, porque no había entendido nada.

Tranquilizadas las aguas, escuché.

-“La Comisión del Club no da para más. Te lo cuento antes de renunciar. Voy a pedir una reunión para que sepan todo lo que tengo para decirles. ¡A vos te parece lo que hicieron! Compraron el equipo de luces para la cancha con lo recaudado en el Festival de Baile y ¡no me avisaron!, ¡y encima no sirve!”

Fue una larga conversación.

Lo que llamó mi atención de toda esta situación (y me lleva a compartirles mis reflexiones) es que sus “personajes” son todas personas nobles, bienintencionadas, que dedican su tiempo y trabajo a un objetivo común y para las que, sin embargo, las cosas no funcionan como quisieran.

¿Qué está pasando? ¿Qué está faltando en este equipo de trabajo? O es que acaso ¿está sobrando algo? Un compromiso común no falta: generar ingresos para mejorar las instalaciones del Club al que concurren muchos chicos del barrio. ¿Estarán sobrando otros compromisos a los que están ciegos? ¿Será esta ceguera no reconocida lo que daña las relaciones y los aleja del objetivo?

Andaba yo por el mundo con estas preguntas (sospechas) revoloteando sobre mi cabeza, hasta que un día me crucé con una de las “acusadas” por mi amiga Merce. Palabra va, palabra viene, palabra traigo, palabra llevo y por fin apareció el tema del último festival del Club, de la recaudación obtenida y, por supuesto, ¡del equipo de luces!

Pasadas las felicitaciones y agradecimientos que prodigué como beneficiaria de la compra, pregunté :¿y para cuándo la inauguración del nuevo equipo de luces?

¡Ay! Otra catarata de palabras, dirigida, esta vez, a explicar porqué la tal inauguración estaba bastante lejana:

Falta una conexión, la instalación eléctrica actual no es compatible, no sabíamos que esto iba a pasar, soy abogada no electricistaPero al menos la compra está hecha. Y etc., etc., etc.

Creo que esto nos pasa a casi todos: hablamos explicando y explicando, convencidos de que la dichosa explicación nos defiende del hecho de no haber alcanzado el resultado que buscábamos. En este caso: un equipo de luces utilizable.

Entonces hice lo que normalmente hago (¿hacemos?) frente a una explicación convincente, puse mi mejor cara de “comprendo la situación” (¿justifico?) y mansamente dije: –Suerte que tiene arreglo, ¿qué van a hacer ahora? Y llegó una respuesta que me despertó un interés especial:

Vamos a ver, la cuestión es que la gente vea que la Comisión se mueve, es activa y que yo hago algo”.

Tan interesante me resultó la respuesta que repetí la pregunta a otro integrante de la Comisión, quien, después de la consabida avalancha de explicaciones me dijo:

 -…”y bueno, lo importante es que la gente vea que no nos quedamos con el dinero, que lo invertimos. Soy el tesorero y no quiero que crean que me quedo con lo que no es mío”.

Y así, uno a uno, me fueron explicando porqué se postergaba la inauguración y porqué había sido importante la compra del equipo del luces (sí, ése que por ahora no sirve, pero que va a ser usado después que organicen otro evento para reunir más dinero para comprar las cosas que no sabían que …..)

¿A ninguno se le ocurrió pedir asesoramiento? La ignorancia sumada al apuro porque…, una combinación peligrosa! Un grupo de personas en acción pero ¿para qué? ¿hacia dónde???

Dice Peter Senge[1]: “La característica fundamental de un equipo relativamente no alineado es  el desperdicio de energía. Los individuos pueden poner muchísimo empeño, pero sus esfuerzos no se traducen eficazmente en una labor de equipo”.

Parece quizás insólito para quien lo mira de afuera, pero ¿cuántas veces esos compromisos personales que no vemos se interponen en el logro del resultado del equipo? Compromisos personales desconectados del interés común.

A veces decimos querer una cosa y hacemos todo en función de otra que no vemos.

Esta ceguera es el terreno en el que un coach siembra su pregunta. Cuando alguien nos acompaña a ver aquello que organiza nuestras acciones, entonces sí podemos elegir a qué nos vamos a comprometer: ¿qué elijo, cuidar mi imagen de “activa” o reflexionar, consultar y asesorarme antes de …?; ¿qué elijo , que la gente vea que me desprendo rápidamente del dinero o informarme antes de hacer una compra para…? Y así podríamos seguir.

Mercedes, mi amiga, quería el bien del Club y se dio cuenta de que sus decisiones estaban organizadas por el enojo. Ella no fue consultada; su imagen, más que el Club, había sido dañada. ¿Qué posibilidad le abrió ese reconocimiento? Posibilidades para ver la situación desde otro lugar, y, especialmente, posibilidades de nuevas acciones, ahora sí, comprometidas con el Club. 

El enojo con los otros desapareció, pedir una reunión para reprochar perdió sentido y lo más notable es que los pudo aceptar como personas bienintencionadas y, en algún punto, tan ciegas como ella a sus compromisos individuales. 

 Y así, la que llegó enojada esa mañana a casa, se fue sin enojo, sin culpas y retos que desparramar y con un objetivo distinto para la reunión que iba a pedir.

Hasta aquí el relato, quizás típico, sobre un grupo de padres que participan de la vida de un pequeño  club de barrio al que asisten sus hijos. ¿Pasarán cosas semejantes en una pareja, en una familia, en el departamento de una empresa, en una comunidad religiosa, en un partido político, en un país, en….?

El equipo de luces….dependerá ¡de las luces del equipo!!!!


[1] Senge, P., La quinta Disciplina, Granica, México, 1998